La primera consulta

 

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La primera consulta de un psicoanalista

 

La decisión de acudir a algún especialista de salud mental usualmente viene precedida por una historia vital, donde hay un sufrimiento importante que ya no se tolera; puede ser que la persona esté en crisis en relación con su vida y que ésta se manifieste como la culminación de reiterados fracasos o equivocaciones del mismo orden que lo pueden haber llevado a sentimientos depresivos o a una ansiedad importante o a miedos, síntomas que son la expresión de conflictos Inconscientes permanentes. Sin embargo, a muchas personas no les es fácil aceptar la idea de que necesitan la ayuda de un profesional. En ocasiones, puede predominar la vergüenza frente a los propios síntomas y la incapacidad de resolverlos; en otras oportunidades actúa el mecanismo de la negación, y así no se acude al profesional, como si de esa manera dejara de existir el problema. Lamentablemente vemos que existen to- davía ideas sin fundamento, sobre el hecho de visitar a un especialista, tales como: "Yo todavía no estoy loco como para tener que ir a un loquero" o "¿cómo un extraño me puede ayudar si no me conoce?" Estas ideas, en ocasiones con cierta vigencia y arraigo, tienen que ver con temores frente a lo nuevo y desconocido, que puede resultar de visitar a un terapeuta, para hablar de lo que no se ve, pero se siente: En muchas oportunidades, suelen ser los familiares y amigos los que sí ven la enorme necesidad de atención, que puede tener quién pronuncie frases como las ejemplificadas. Si son los familiares quienes piden la consulta por el paciente y éste aunque se encuentre muy mal, es reacio a cualcuier tratamiento psicológico, probablemente no pase de una primera entrevista o consulta, pues irá con la premisa de que es el otro el que siente la necesidad por él y no es él mismo, pensando que se puede hacer cargo de su malestar.

El paciente frente a la primera consulta de psicoanálisis

Sin embargo, felizmente, cada vez existen menos prejuicios frente a la idea de acudir a un especialista, y hay una mayor aceptación a tomar en cuenta el malestar psíquico como un problema real, que es preferible fratar a tiempo, antes que desborde a la persona, La relación con el psicólogo o terapeuta comienza antes de que el paciente tome contacto con él. Generalmente se habrá informado a través de alguien conocido sobre la fiabilidad del especialista; y aunque no le conociera y no hubiera oído referencias suyas, sino que consulta por ejemplo a través de la guía telefónica, no por esto la persona va a dejarse de hacer fantasías al respecto. Estas fantasías determinarán en gran parte, su conducta en la primera entrevista, o por lo menos en los primeros momentos. Cuando un paciente acude a vernos por primera vez, suele esperar "el remedio de sus males" y va a entrar en juego en ese primer encuentro la personalidad del paciente. Puede que éste acuda con fantasías y esperanzas muy idealizadas: "Con esta entrevista resolveré mis problemas", situación alejada de la realidad, pues supone una sobrevaloración de las capacidades y posibilidades del profesional y del tratamiento. En el trabajo psicológico los milagros no existen. La primera consulta o entrevista implica un encuentro muy especial, tanto para el profesional como para el paciente. Es probable que, después de la plimera enfrevista, el paciente empiece a sentirse un poquito mejor, y es que ha encontrado un lugar y una escucha de alguien que no le conoce, que es ajeno a su entorno familiar y que, precisamente por eso, ese paciente puede sentirse en com- pleta libertad para hablar de sus conflictos y problemas, sm sentirse coartado o culpabilizado. Así podrá comenzar un trabajo terapéutico, un proceso de desarrollo donde el paciente, a través de la palabra, podrá contar lo más íntimo de sus vivencias y el terapeuta que lo escucha le ayudará a entender la verdad que sus síntomas esconden.