El psicoanálisis

 

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Cómo entiendo el psicoanálisis desde mi consulta en Tenerife

  • El zorro domesticado

Hace pocos días un psicoanalista me contaba una anécdota sobre su nieto de dos años y medio. Está hablando con ese lenguaje atropellado, propio e ininteligible de los niños de esa edad y, en una visita a los abuelos, el padre del niño intentaba hablar con ellos y cada vez que hablaba, el niño lo interrumpía. Pretendió explicarle que hablaba con los abuelos, pero las demandas del niño por la atención de él eran imparables; el padre quiso suspender la conversación y el abuelo le dijo que no, que era conveniente que el niño pudiese empezar a tolerar más la espera y que no se sometiera del todo a los deseos del niño. Es una anécdota cotidiana y sencilla; sin embargo nos dio pie para hablar sobre la poca tolerancia a la frustración y a la espera que existe hoy en día, no en los niños de dos años y medio, que comienzan a estrenarse en este compás, sino en los adultos, que por la forma en que piden y demandan parecieran tener la edad del niño de la anécdota. Así, vemos como muchos pacientes acuden a mi consulta en Tenerife deseando que casi 'mágicamente', en muy poco tiempo, quede eliminado o suprimido un sufrimiento o un modo de vivir en el que llevan inmersos muchos años.

  • ¿Cómo se instala todo este proceso psicoanalítico?

Desde que nacernos, nos movemos en un campo en el cual estaríamos dominados por procesos psíquicos que buscan sólo el placer y la eliminación de tensión. Freud habló sobre la necesidad de dominar los impulsos tanto amorosos como agresivos, y para esto es esencial que al niño, desde muy temprano, se le pueda impartir la noción de límites, siendo la primera su encuentro con el pecho, el cual es vital para su sostenimiento fisico y psíquico, Pero como éste no es inagotable, ni puede estar a su entera disponibilidad las 24 horas, el bebé comienza a tener pequeños montos de frustración, que si no se tornan muy frecuentes y angustiantes, van a ser un estímulo para poder pensar y así se introduce un nuevo principio en la actividad del psiquismo, donde se comienza a representar lo que es real, aunque sea desagradable.

  • El zorro y el principito: Un ejemplo para el proceso de psicoanalizar.

El pensar tiene unas propiedades que permitirán que ese psiquismo incipiente pueda comenzar a soportar y tolerar la tensión cuando el deseo no puede ser satisfecho de inmediato. Se hace así imprescindible el educar, porque en esta experiencia tan poderosa de curiosidad y descubrimiento el niño necesita que la realidad lo conduzca; se trata de educar y poner límites con un predominio amoroso, Esto me recuerda la anécdota del zorro en el libro El Principito de Saint-Exupéry: el zorro le pide al Principito que lo domestique y al preguntarle éste por su significado, el zorro le plantea que es "crear lazos... si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro... hay que ser paciente... los ritos son necesarios". Se trata de un cuento infantil lleno de realidades, tal vez nos podríamos preguntar hoy en día cuántos zorros-humanos andan por la vida sin haber sido domesticados, cuánta gente vive sólo en función del placer y nada más, con una enorme incapacidad de tolerar el dolor necesario que conlleva la vida, y algo que parece tan sencillo como es el acto de esperar, de recorrer el camino poco a poco. Muchos ciudadanos están enmascarados hoy en día por la velocidad vertiginosa que nos impone el estrés, por la impaciencia de ganar y gastar y por el vacío de experimentar una vida sin sentido. Poder crear vínculos a través de "la domesticación", pudiendo integrar las emociones y los sentimientos con la razón y el pensamiento, es lo que nos ayudará a frenar los impulsos, a tolerar las frustraciones para poder tener una vida psíquica con logros y llena de sentido.