La migración y sus efectos

 

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equipaje migracionDurante las vacaciones visité una tienda de souvenirs, en la que el dueño al escuchar mi acento preguntó mi procedencia, y comenzó a hablar sobre una fiesta en su casa, en la que participaron canarios y latinoamericanos, De pronto mencionó con un ligero énfasis mi ciudad natal, y al yo preguntarle por ella, se detuvo y con suavidad, como quien recoge un objeto valioso y antiguo guardado en su memoria, me contó con ojos aguados que había vivido en mi país de origen por muchos años.

Está por demás decirles que estuvimos hablando por un buen rato del lugar, de lo que era y lo que es... Este señor estaba viviendo nuevamente en la ciudad de su infancia; sin embargo seguía teniendo lazos afectivos imprtantes con el país que lo acogió, llamándole su país adoptivo.

Todo esto me hizo pensar cómo el emigrante tiene una tierra natal en la que no está y ha de desarrollar su vida en otra, y en lo que puede ocurrir cuando el emigrante retorna despues de muchos años a su país de origen. El retorno igual que la partida inicial puede darse por muchas razones: económicas, familiares, políticas sin embargo las fantasías que se movilizan son muy diferentes. Al emigrar surgen cuestiones básicas que han de solventarse: buscar un trabajo para establecerse, hacerse con un nuevo grupo de amigos, instalarse nuevamente en una casa que no sea provisional, como una forma de sentir que en esa nueva tierra se van sembrando raíces que ayudan a organizar la identidad y a pensar que se tienen fuerzas para desear, construir y realizarse.

Sin embargo, los que retornan después de años viviendo en otro país, se enfrentan de nuevo a un drama doloroso y a una situación, si cabe, aún mas dificil, aunque esté deseada, pues conlleva de nuevo hacer un duelo, despedirse de todo aquello que se había logrado externa e internamente, y tratar de reencontrar el arraigo perdido. Al momento de hacer la mudanza, en ese equipaje de vuelta, muchas veces no se sabe muy bien qué llevarse o qué dejar, como si la identidad estuviese colocada en cada caja que se embala. No siempre está claro para el que retorna que el retorno es una nueva migración.

En ocasiones, al volver al país de origen puede haber expectativas de recuperar todo lo que se hàbía echado de menos; pero como el tiempo no se ha detenido en un lugar, todas las cosas, las situaciones, las calles y las personas también habrán cambiado. Ni el que vuelve, ni los que se quedaron son los mismos, pudiendo causar una sensación de extrañeza y de distancia en el que retorna. Tal vez con aquella persona con la que se tuvo tanta intimidad ya no existan tantas cosas en común sino un pasado lejano, y con otra con la que no se compartían tantas cosas es probable que pueda ser más afin ahora. El que tendrá que enfrentarse también con lo que su partida y su separación despertó en aquellas personas que se quedaron y que ahora les toca el papel de ser receptoras de aquel que se fue, que conocen y no conocen, que ha vivido otras experiencias, y que nuevamente, en este regreso con otra edad, con otra realidad y circunstancias, tendrá que echar mano de esa energía psíquica que tuvo cuando partió, para saber que tiene que reconstruir y reconstruirse, que volverá a echar raíces. Pero los frutos serán diferentes, y aunque todo cambio, toda separación, toda migración, irremediablemente conlleva perder cosas valiosas, no cabe duda de que el mundo interior del que se va o el del que vuelve estará más enriquecido si logra sentir que puede reunir experiencias de lo vivido y de lo actual, y que en ese equipaje de vuelta hay lugar para afectos y vínculos antiguos y nuevos.