La adopción

 

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La adopción, un camino cargado de psicología

La palabra adopción nos remite a la acción de adoptar, y ésta a su vez significa según el Diccionario de la Real Academia: "Recibir como hijo, con los requisitos y solemnidades que establecen las leyes, al que no es naturalmente". Veamos pues qué implica toda esta definición; recibir conlleva un encuentro, un enlace, algo que se acepta, que se acoge, que se admite, que se incluye.

Este encuentro se dará entre los padres o la persona adoptantes, deseosos de formar una familia y un hijo no biológico que viene con el equipaje de su propia historia. Este encuentro entre el deseo de convertirse en padres de un hijo no biológico, y el deseo de un niño por pertenecer a un lugar en el que pueda sentirse admitido, querido y ubicado, se encuentra a su vez precedido por unos duelos en las historias psíquicas de estos protagonistas.

 

Respuestas psicológicas en la adopoción

 

Generalmente, estos progenitores deseosos de constituir una familia, han tenido tal vez un sinfin de tratamientos médicos o intentos infructuoscs en la consecución de un hijo de ambos que no ha sido posible; en otros casos, personas sin pareja pero con el deseo de poder asumir la parentalidad o maternidad tienen que asumir la realidad de formar una familia a través de este medio; fertilidad o imposibilidad que no conlleva una infecundidad parental. Del otro lado se encuentra un niño, que también tiene su rropio duelo por haber sido abandonado, separado de su lugar natural, de su familia de origen.

Así como si de un entramado se tratase, los duelos y las separaciones se tendrán que conjugar con el deseo y el encuentro. A lo largo de un riguroso y a veces lento proceso, jurídico y administrativo, que trata de dar garantías de transparencia y sostenimiento a los participantes, se realiza todo este camino. Todo el proceso de adopción requiere tiempo, cuidado, entrevistas, decisiones, palabras, reflexión personal, a veces desánimo e inquietud; pero curiosamente, todo este camino diferente con sus incidencias, abre la posibilidad de un 'embarazo psíquico', en el cual los padres adoptantes van a vivir la ilusión, el júbilo, la emoción y las ansiedades que comporta la paternidad como cualquier otra pareja de padres, y así estos padres fantasearán con un hijo imaginario, fruto de otro lugar genético. Si el duelo de estos padres por su esterilidad o imposibilidad biológica, no estuviese bien resuelto, entonces la búsqueda de adopción es mas la necesidad de llenar un vacío, o tapar un agujero que está más enlazado con una herida narcisista, que la posibilidad de brindar a un niño el lugar que le de entidad como persona, el soporte que implica una pertenencia, una filiación con sus lazos afectivos, con sus deberes y sus derechos.

Hace pocos días escuché decir a alguien que trabaja en este terreno que hay personas que solicitaban adoptar cuya motivación es la solidaridad o el ayudar a un niño desfavorecido; y que hay que tener muy claro que adoptar es otra cosa si volvemos a la definición, es incluirlo, hacerlo hijo. Redactando estas líneas, me vienen a la mente adopciones recientes de ciertos famosos, donde pareciera que la movilización interna para adoptar un bebé conlleva más esos aspectos de áyuda que la dificil pero ilusionante tarea de ser padres.

Cuando un padre y una madre 'adoptan' un hijo, esta adopción, aparte de la inclusión legal, implica el reconocer a ese hijo como propio, incluyéndolo en su proyecto de vida, insertándolo en la trama familiar. La otra cara de la moneda es que también el hijo adopta a los padres; también el hijo ha de interiorizar que éstos son sus padres, y aunque no le han dado la vida, si le han acogido en el afecto, para que pueda reconocerse a si mismo como hijo de esos padres que le quieren. De la adopción se pueden comentar muchos otros aspectos; sin embargo, creo que es muy importante entender que este camino diferente no es un derecho de los adultos, sino una restitución al único derecho más fundamental: el del niño a tener una familia propia.