Dignidad y Verguenza

 

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Los procesos psicológicos de la dignidad y la vergüenza

Hay lecciones que resultan inolvidables. Suelen ser lecciones claras, sencillas, contundentes y que por su profundidad dejan huella. Iba a escribir este artículo y me topé con una noticia en el periódico sobre la carta que fue publicada en un diario italiano por la esposa del ex presidente de dicho país, Silvio Berlusconi. Le pedía a su marido excusas públicas por la conducta que él mantuvo en un programa de televisión hacia una diputada. En dicho programa había manifestado frases como " si no estuviera ya casado, me casaría con usted inmediatamente" o "contigo iría donde fuera . Mas allá de la bronca conyugal que se perfila entre líneas, me resultaron interesantes ciertos párrafos de esta misiva, cuyo contenido puede ser aleccionador para tomar en cuenta ese otro tipo de maltrato, el psicológico, en el que muchas parejas navegan frecuentemente. Chascarrillos, chistes de mal gusto, apodos y frases pueden ser el alimento envenenado con el que uno de los miembros de la pareja se dirige al otro. A veces son comentarios en medio de copas, pareciendo así por su banalización que carecen de importancia.

Cada comentario, gesto o expresión que  implica la burla o la rebaja de la pareja; en privado o en público, y cuya trascendencia se niega; configura un estilo de relación donde la autoestima de la mujer queda colocada en  mínimos niveles, en contraposición al sentimiento de triunfo, omnipotencia y posesión de la otra parte.
Verónica Lario, la autora de dicha carta expresa: "Son afirmaciones que considero lesivas para mi dignidad (... ) Ante mis hijas, hoy adultas el ejemplo de una mujer capaz de defender su dignidad frente a los hombres asume una importancia particular (... ) Creo que la defensa de mi dignidad ayudará a mi hijo a situar entre sus valores fundamentales el respeto hacia las mujeres, de forma que pueda mantener con ellas relaciones sanas y equilibradas". Estos párrafos me impresionaron, por el peso de compromiso que como  mujeres y como madres tenemos que asumir, para defender nuestros legítimos derechos y respeto.  
Cualquier persona tiene que poder dar salida a su agresividad, para poder defenderse y no ser un títere en manos del otro.
Para que una relación de pareja pueda mantenerse de forma gratificante, es necesario que puedan haber bases que permitan a ambos miembros crecer, tener libertad individual y manejarse en un clima de respeto y de comunicación. La elección de pareja suele estar determinada por motivaciones inconscientes, en las que se engranan situaciones vividas en la primera infancia, en las que se toman modelos de identificación familiares y sociales. En ocasiones puede elegirse al otro, justo con aquellos defectos o carencias que resultaban más incómodas de los padres, generando así un circuito de repetición.

La vergüenza y el "Yo"

Casi siempre los titulares de periódicos, vocean esas tristes y dramáticas cifras de mujeres víctimas de violencia doméstica; sin embargo el que estos comentarios dichos en tono "irónico y jocoso", como se justificó el presidente Berlusconi, sean ventilados y expuestos, nos remiten a la importancia que tienen las palabras y gestos, los cuales pueden ser mas dañinos que una lesión fisica.  Esta mujer alude a la dignidad y con todo el derecho exige excusas. Esta mujer ha tenido mucho valor y no se ha dejado invadir por la vergüenza. Por vergüenza, muchas mujeres sufren silenciosamente vejámenes, ironías y situaciones humillantes. La vergüenza es un sentimiento que implica debilidad en el yo. Es un sentimiento que se produce cuando la persona se siente "odiada" y estigmatizada, quedando herido el narcisismo. El avergonzado se siente víctima, débil, para la vergüenza no hay salidas reparatorias, porque la propia persona se siente tan destruida que no se puede "perdonar". Poder hablar, pedir ayuda, exigir un comportamiento decoroso y respetuoso del otro nos hará sentirnos verdaderamente comprometidas y dignas, con nosotras mismas.